Con "L" de losers
Los creadores de Superman, el inventor del primer teléfono móvil y el primer baterista de los Beatles tienen algo en común. Curiosidades de estos y otros grandes perdedores.

Redacción cordoba.net

Es cierto: establecer de manera rígida y absoluta quién es un perdedor y por qué, puede resultar, cuando menos, antipático. En todo caso, antes habría que aclarar si el criterio para tal calificación es la inexistencia de –por ejemplo– éxito económico, fama, prestigio, popularidad con el sexo opuesto o parámetros por el estilo.

Sin embargo, hay personas que parecen tener lo exactamente opuesto a la consabida ecuación que conduce a los ganadores a estar en el lugar justo en el momento indicado. "Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia", dice la canción de Litto Nebbia, y no se equivoca.

Puede que la historia de Van Gogh, quien no vendió ni un solo cuadro mientras vivió, no resultaría igual de interesante si su talento lo hubiera llevado a ser el pintor de moda en su época. Precisamente, una de las razones de la fascinación que ejerce radica en que hoy sus cuadros se cotizan en cientos de millones, mientras que Van Gogh terminó sus días con una oreja menos y en la miseria.

De perdedores, de tipos que tuvieron el billete ganador en su mano y lo extraviaron, está llena la historia de la humanidad. De algunos de ellos te podés enterar en el siguiente listado de losers. Pero losers con L mayúscula.

Dick y Mac McDonald. Fueron los pioneros de la comida rápida e idearon McDonald’s en 1940. La marca y el único local que fundaron fueron suyos hasta que se la vendieron a Ray Crock, el verdadero visionario, que la reinauguró en 1955. Hoy la firma sirve comida a 47 millones de personas diariamente y factura más de 22 mil millones de dólares anuales.

Charles Goodyear. A principios del siglo XIX, descubrió por accidente el proceso de vulcanización del caucho. Un mal negocio con su padre lo dejó en una situación financiera comprometida, por lo que vendió su descubrimiento a un tal Sieberling que –en 1821 y viendo el potencial del invento– fundó la compañía Goodyear, hoy una de las marcas más importantes de neumáticos.

Nathan Stubblefield. Es probable que este inventor estadounidense sea el más olvidado de la historia. En 1902 ideó la telefonía sin cables, o lo que es lo mismo, el primer teléfono movil. La cobertura alcanzaba a unos 800 metros y Stubblefield lo utilizaba en su casa de campo, ya que precisaba de un mastil de 36 metros de altura. Pero lo cierto es que funcionaba sin cables. Tramitó la patente para que su creación fuera utilizada en barcos y vehículos, pero no tuvo aceptación. Murió pobre en 1928.

Pete Best. Fue el primer baterista de los Beatles, y si bien la historia dice que fue George Martin, el productor de la banda, quien lo reemplazó porque no estaba satisfecho con su manera de tocar, lo cierto es que Pete no tenía demasiada onda con George, Paul y John, y no le importaba demasiado asistir a los ensayos. También dicen que era el que más ganaba con las chicas, aunque claro, cuando dejó la agrupación a mediados de 1962, la beatlemanía no se había desatado. Y él la vió desde afuera.

Jerry Siegel y Joe Shuster. Fueron los creadores de Superman, y vendieron el copyright del personaje a la editorial de la revista Action Comics (actualmente la compañía se llama DC Comics) por 130 dólares. Ellos seguían haciendo su trabajo por un promedio de 500 dólares por historieta, mientras la empresa nadaba en ganancias por las ventas de todo lo relacionado por el superhéroe más reconocible del siglo XX.

Franz Kafka. Uno de los escritores más importantes del siglo pasado (y probablemente uno de los más atormentados) publicó solamente algunas historias cortas durante su vida, y dejó instrucciones a su amigo Max Brod de que, tras su muerte, destruyera todos sus manuscritos. Aparentemente, Brod no obedeció a rajatablas la orden, y así fue que la parte más importante de su obra fue editada y admirada con el autor ya muerto.

John Kennedy Toole. El autor de La conjura de los necios se deprimió tanto cuando le rechazaron su manuscrito en la editorial Simon and Schuster (por "no tratar realmente de nada"), que terminó suicidándose a los 31 años y sin haber publicado ningún libro. Una década más tarde, su novela veía la luz gracias a la insistencia de su madre, convirtiéndose en best seller, además de conseguir un premio Pulitzer póstumo en 1981.

Tom Selleck. Al por entonces bigotudo actor de la serie Mágnum P.I. le ofrecieron protagonizar Indiana Jones, cuando la peli sobre el geólogo aventurero era solamente un bosquejo. Dijo que no, y el plan b era Harrison Ford. Está bien, el actor alcanzó las mieles del éxito laboral incluso sin Indy, pero seguramente no le hubieran venido nada mal un par de decenas de millones de dólares extra por las secuelas del Doctor Jones.

El crédito Nacional. En el ámbito de la televisión y el espectáculo, uno de los casos más recordados es el de Gustavo Lutteral. La leyenda cuenta que el conductor y animador rechazó, a fines de la década del ’80, la conducción de un programa que incursionaría en el horario de la medianoche con el fin de desestructurar un poco la pantalla nocturna. El nombre del programa era VideoMatch, y Marcelo Tinelli, segunda opción de los productores, edificó un imperio a su alrededor.

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Categorías: Cine