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  • SÁBADO 07.11.2009

Crítica: "Bienvenidos al país de la locura"

Comentamos "Bienvenidos al país de la locura", "El juego del miedo 6" y "El delfín".

Beatriz Molinari I bmolinari@lavozdelinterior.com.ar


El norte también existe. Bienvenidos al país de la locura

Dice la crónica que la película de Dany Boon, Bienvenidos al país de la locura, batió récord de taquilla en Francia. El actor rinde homenaje a su región natal, Nord-Pas de Calais, con una historia sencilla que ataca los prejuicios que él mismo tuvo que enfrentar cuando emigró al sur.

El jefe de correos Philippe Abrams (Kad Merad) deja la Provenza (en el sur) para trabajar en la oficina de Bergues. Carga con el castigo por un desliz y con la presión de la esposa depresiva que sueña con la Costa Azul. El Norte es un espacio en el imaginario social que reúne todas las desventajas: muy frío, incivilizado, pobre, habitado por gente que habla de manera extraña. Philippe llega una noche de lluvia con las peores referencias sobre su destino laboral.

Dany Boon, que se reservó el personaje de Antoine, el empleado más pintoresco, logra una fábula que nace del choque de dos mundos aparentemente irreconciliables. La comedia cumple los pasos de un aprendizaje que cambia la vida del jefe. Kad Merad asume su protagónico con un manejo delicado de la comicidad, mientras que Boon se convierte en el partener necesario.

La escena del reparto de correspondencia en bicicleta, los diálogos y, sobre todo, el juego del idioma ponen al espectador inmediatamente de buen humor. Causa mucha gracia, por la sucesión de malentendidos, el dialecto norteño, el ch’timí que, si bien se pierde un poco para el espectador que no habla francés, se disfruta fonéticamente, con la ayuda del subtitulado. El elenco mantiene la química imprescindible para la comedia blanca y plantea, desde ese modo cándido de mostrar los personajes, los defectos de la comunidad que dista tanto del infierno imaginado, como del paraíso.

El juego entonces, consiste en descubrir ese mundo desconocido al jefe y echar por tierra los prejuicios. Bergues se mueve sin histeria, con sus pequeños rituales y los encantos que van ganando a Philippe. Es conmovedora la escena del carillón, especialidad de Antoine que hace sonar las hileras de campanas y crea melodías para deleite y orgullo de sus vecinos.

Amable, franca y simple, la comedia de Boon pone en movimiento la máxima de la señora de gesto avinagrado: ‘pruebe antes de criticar’. Por lo demás, da para pensar el funcionamiento del correo en territorio francés, el espacio laboral a escala humana y los conflictos afectivos que encuentran salida cuando la gente tiene tiempo para mirarse a los ojos. Dicen que, además, el director quebró, con esta historia, el estigma de la región que ahora recibe turistas del sur.

Para descubrir mundos sencillos alejados de la globalización.

Una virtud: el humor y el concierto del carillón.

Un pecado: que no lleguen más comedias europeas.